martes, 3 de junio de 2008

EL EFECTO DE LAS MARIPOSAS...EN LA BUROCRACIA.

No cabe duda que el buche se llena de piedritas. Diariamente, el contacto indiscriminado con una bola de burócrataslo lo va logrando.

En el panorama nacional las burocracias se siguen peleando por los centavos y por el poder, mientras la población común y corriente como todos nosotros, solo sentimos cierta impotencia por no poder y también claro, por los centavos.

Si bien son distintas dimensiones de centavos y de poder, la preocupación es en esencia la misma. Una produce más infartos que la otra y también distintos tipos de calvicie, pues los que se jalan el pelo con las dos manos agrandando las entradas suele ser porque ya se los fregaron; sin embargo, el calvo de la mollera, de lo alto de la chirimoya, lo es porque se la pasa rascándose esa parte hasta dar con alguna forma de fregar al prójimo.

Bueno, déjenme contarles que traté de probar el efecto mariposa en la burocracia iniciando un trámite de distintas maneras, para ver si los resultados finales se modificaban y bueno, de cierta forma averigüé que no hay variaciones relevantes en los resultados, esto es que cualesquiera que sean las condiciones iniciales en el proceso, los resultados son muy similares.

Tuve un pequeño accidente con mi auto por eludir a una ambulancia que con una sirena en iiiiiiiiii de ratón surcaba presurosa las amplísimas calles de esta ciudad, e imprudentemente, pues la sirena de plano no se oía, cruzó una avenida donde desgraciadamente iba yo pasando.

Pude eludir a la ambulancia, pero en la maniobra le pegué un abollón a la camioneta con el espejo de otro auto que circulaba a mi derecha y que también aceleró para eludir a la ambulancia.

Bueno, el caso es que llevé el auto a la agencia y en el servicio me dijeron que lo tardarían unos 5 días y ya saben con todos los rollos del caso, que si tenían que desmontar, que si cambiaban la puerta, etc.

Con esta información recurrí ahora a otro taller donde de entrada me mejoraron el precio, pero también me ofrecieron tener el auto en 5 días porque el golpe era sencillo, vamos, según me dijeron casi casi era un rozón.

Como estamos hablando del mismo golpe y dos versiones casi iguales de como repararlo, decidí finalmente y por garantía, llevarlo a la agencia donde lo compré, donde me dieron un tiempo de 5 días y me hacían un descuento del 15% en la reparación, cambiando el lienzo de la puerta, con lo que ambos precios eran similares.

Ahora, después de 15 días de estar sin auto, después de haberme peleado con cuanto gerente me ha salido a tratar de tirar más largas, después de quejarme en la compañía matriz que vende esos autos, después de contestar tres encuestas de servicio que parece que no consideran cuando hay problemas, pues te vuelven a llamar como para ver si ya los perdonaste, en fin, me quedó claro que al tomar mi decisión generé un efecto muy indeseable para mi persona, no desde luego un efecto mariposa, pero lógico en términos científicos, pensando en las burocracias.

Cualquier otra decisión hubiera tenido su propio efecto, pero éste no habría variado mayormente del que tengo ahora. Como estamos en México y tenemos que recurrir a la burocracia de los talleres automotrices, el efecto hubiera sido similar y estaría como estoy hoy, todavía sin mi camioneta.

Entiendo que también tiene que ver el tipo de auto y el uso de nuevos materiales “reforzados” que más se parecen a la lámina de las latas de refresco (que una vez que la aprietas un poco se arrugan y ya no hay manera de desarrugarlas), que a un bastidor firme de lámina para una carrocería.

Quizá la mejor opción hubiera sido no arreglar el golpe y pasármela criticando al ejército por tener ambulancias tan viejas y con sirena de bicicleta y al pobre policía que al ver que los autos no escuchábamos a la ambulancia, se cruzó imprudente en la avenida haciendo señales desesperadas de alto que ya los que estábamos cruzando no podíamos cumplir.

Por otra parte existieron otros efectos del mismo hecho de dejar a reparar el auto, ya que como he tenido que caminar mucho más, me va mejor con el azúcar y con la dieta. Pude también de manera más sencilla comprobar que si lo hubiera llevado una semana antes, hoy llevaría 21 días sin auto.

Igual y también me salvé de algunos nuevos accidentes al quedarme a pie tanto tiempo, aunque pudo haberme atropellado algún imprudente por ser un peatón, si bien más o menos experto, “fuera de práctica”.

Pude también subirme al metrobús y comprobar que el famoso concreto hidráulico que se supone requieren para rodar y en el que gastaron una millonada, es algo así como un empedrado (de piedra de río) disfrazado, pues vas vibrando igual, eso sí, con vaivenes de izquierda a derecha y de arriba abajo o viceversa, que te arrullan mientras viajas.

También pude comprobar que en la estación en que me bajé, subir la rampa para salir a los pasos de peatones resulta harto extenuante y requieres de una buena condición física; en silla de ruedas requeriría ya de una preparación atlética en forma y a conciencia; bajarla también pues necesitarías frenar con todo para no desbocarte.

Pasé también por el elevador de minusválidos pero no funcionaba y me quedé pensando que si alguien en silla de ruedas hubiera bajado en esa estación, verdaderamente se las hubiera visto negras para salir; vamos, tendría que haber vuelto a tomar el metrobús e irse a otro lado.

Eso sí, me consta, en las inmediaciones de cada estación de las cinco que recorrí, podemos disponer de tacos, tortas, tamales y en una de ellas hasta de mariscos, en los consabidos puestos que, obvio, bloquean las banquetas, son antihigiénicos y colaboran decididamente para que pronto alcancemos el primer lugar indiscutible en los índices mundiales de obesidad y males asociados.

No sé porqué da la impresión de que esos permisos que otorga la delegación para ocupar banquetas con puestos de todo, tiene más que ver con la simplificación administrativa que con la renovación moral, como decían antaño cuando empezó todo este rollo neoliberal.

Tuve la oportunidad también de caminar unas 4 cuadras y en todas las bocacalles encontré una rampa para silla de ruedas, bien me dije, sin embargo, algunas de esas rampas son demasiado inclinadas, tienen peligrosas “caídas” laterales y en algunos tramos de las banquetas no cabe una silla de ruedas, considerando los postes de alumbrado, de cableados diversos y otros más pequeños que ponen para que los autos no se estacionen en la banqueta, lo que implica que cualquiera en silla de ruedas tendría que esperar un milagro para poder salvar tantos obstáculos, o bien arriesgarse a ir por el arroyo vehicular, donde podrían ser multados por exceso de velocidad o por detener demasiado el tráfico, depende, además de hacerles ver la imprudencia de tratar de trasladarse por sí solos, en lugar de que algún familiar los empuje.

Ya curioso regresé al elevador y me di cuenta que el propio basamento de la escalera del paso de peatones obstaculiza el paso de cualquier silla de ruedas, o sea que no encontré como se llega a tan ”útil” artefacto como lo podrían ser esos elevadores.

En fin, volviendo a la camioneta, intuyo que si la hubiera dejado en el otro taller, además de seguir sin ella, mis reclamaciones se hubieran perdido en el espacio vacío del valemadrismo nacional.

Mínimo quejarse ante una transnacional, como es el caso, tiene más sentido que afectar la imagen de los compatriotas que honestamente operan en la mecánica automotriz.

Entonces en lugar de contemplar un efecto mariposa, encontramos algo a lo que bautizaremos como efecto ciempiés, ya que estos animalitos si bien no vuelan, si van muy despacio, dan muchísimos, muchísimos pasos para llegar a donde sea y si se tropiezan con algo, se la pasan tropezando un buen rato hasta que el último par de patas libra el obstáculo.

Pero eso sí, de que llegan a la meta llegan y ya me entregarán mi camioneta algún día de estos. ¡Faltaba más!

Esta compañía donde compré la camioneta tenía fama de calidad y eficiencia, cuando era japonesa, pero con esto de las fusiones y concentraciones de marcas y tecnología en unos pocos grandes monstruos trasnacionales, después de tantas fusiones los procedimientos burocráticos sentaron sus reales e imperan en casi todas.

Como ya estamos bien entrados en la primavera, deberíamos abordar mejor el efecto de las mariposas en la burocracia. Es bien sabido que en estas épocas las hormonas se alborotan y suelen sentirse mariposas en el estómago ante cualquier leve provocación del sexo opuesto ( o del mismo en los casos en que aplique) y en esto, los burócratas no son excepción, al contrario, se aprovechan de todas las oportunidades que deja el trabajo que se desempeña, para echar novi@.

Este efecto de las mariposas se ve reflejado en la productividad global de los empleados. Díganme qué gerente o que funcionario puede pensar en el trabajo cuando su asistente o cualquier otra dama joven y bella de su "staff", se presenta con una de esas “blusitas” escotadas que se usan ahora; díganme quién puede prestar atención a cualquier problema con este calor, sin aire acondicionado y con un montón de feromonas flotando en el ambiente.

Igual este efecto de las mariposas podría explicar mejor el caos, refiriéndonos específicamente a las burocracias y al concepto, equivocado por cierto, que le da significado de desorden.

Y nótese que no hablo de la teoría del caos, pues finalmente el sistema burocrático es un sistema estable, con muy pocos factores que permitieran llegar a resultados muy diferentes dependiendo de las condiciones iniciales del subsistema en el que estemos operando.

Aunque a la mejor podrían hacerle como la gaviota Carol, la de la Sirenita, de una simple pipa se saca un “boquiche humerfluo curvilíneo”, como un aparato que proviene de la “prehisteria” y que es capaz de producir música.

Además, dicho sea de paso, según este personaje, la pipa podría convertirse también en una pequeña gargolera, dándole un uso práctico…

Así que dejemos el efecto ciempiés alterado por el efecto de las mariposas en el estómago y busquemos plantear como estrategia alternativa la de prestar nuestros servicios con eficacia y eficiencia, sin importar las distorsiones de la alta burocracia.

No olvidemos una de las normas básicas cuando tenemos un jefe que ni asiste, como el gerente de servicio de esa agencia, o uno que ordena y ordena tonterías: siempre nos queda ejecutar el “obedézcase pero no se cumpla”.

Desde luego, cambiar implica riesgos, pero créanme que son mucho menores que los de no cambiar. Hagamos las cosas bien, que nos cuesta caray. Imaginen toda la buena imagen de una compañía, del gobierno mismo, que se pierde por la negligencia acumulada con efectos sinérgicos de su personal.

Y hasta aquí…

martes, 27 de mayo de 2008

¿VAS A SER PARTE DEL PROBLEMA O PARTE DE LA SOLUCIÓN?

Tuve un jefe por allá en el 85 que cuando me iba a plantear alguna situación problemática en la institución o un conflicto entre el personal, siempre me recibía con esas palabras, a lo que normalmente le contestaba: usted va a firmar o yo voy a firmar, porque partiendo de ahí, me daba cuenta no sólo de la naturaleza del problema, sino también de que tan complicado podía ser el solucionarlo.

Aclaro aquí que jamás me solicitó hacer algo indebido pues si por algo me tenía en la administración era para mantener en orden a la institución.

Y si, aprendí que uno puede ser parte del problema o no dependiendo de la actitud, del enfoque que damos al problema, de las alternativas que sea uno capaz de analizar o estudiar y de las formas como se interpretan las normas por las mentes burocráticas.

Los asuntos se complican en la burocracia porque de entrada existe un no: "no hay, no se puede, no tengo tiempo ahorita, no me corresponde, no está mi jefe y no puedo decidir, no hay forma de solucionarlo, no tengo autorización, no sea malito, pase con fulanito, no ve que ya voy a cerrar, vuelva mañana, no pos lo que usted quiere esta re difícil, no le entiendo, no habla claro"... y otros más que se me olvidan (ah, pues si, “no me acuerdo”).

Ser parte de la solución es más difícil, pues implica un primer esfuerzo para obtener un planteamiento adecuado del problema. Sabemos que las más de las veces si el planteamiento es erróneo, la solución también lo será.

Los planteamientos y en general diría que las solicitudes para atender un sinnúmero de asuntos, conllevan terribles suposiciones, inferencias, intenciones sesgadas y un alto grado de prejuicios que hacen que se compliquen.

Finalmente, en el gobierno y en cualquier organización diría yo, “hay cosas que se pueden, cosas que no se pueden que sí se pueden y cosas que no se pueden que no se pueden” , así que necesitamos afinar nuestra percepción para distinguir claramente cada una de ellas.

También puede uno aprender a leer en los discursos políticos el enfoque que se dio a un problema, las deficiencias de los planteamientos y por supuesto, de las soluciones.

Puede también analizarse el entramado de suposiciones que aparecen, los prejuicios, las limitaciones de la percepción humana tanto individual como grupal y las más de las veces las intenciones de quien nos está tratando de convencer con su discurso.

Apagar los motores de la emotividad, evitar caer en la cursilería ramplona, escuchar con atención las verdaderas pretensiones, medir el cinismo, la hipocresía, debieran ser habilidades en nosotros al escuchar a los políticos, al dialogar con los burócratas, sobre todo después de las primeras decepciones, pero sucede que no.

Sabemos por ejemplo que el "mañana se lo tengo" se convertirá en 5 o 6 días, pero lo aceptamos con la esperanza de que si esté. ¿Qué promesa de político se cumple? Quizá sólo aquellas que le benefician en lo personal.

Sabemos que están muy lejos de interesarse de verdad en la gente y sin embargo nos queda la esperanza de que esto no sea así; por más que la realidad nos muestra la mentira, pensamos de repente que si van a hacer lo que prometen.

En ese lenguaje tan rebuscado yo no sé si soy de “aquellos que apostaron a que el país regresara al siglo X a de C.” o de “aquellos que con su esfuerzo, dedicación y entrega ofrendaron lo mejor de si mismos en beneficio de la patria” o a la mejor soy de “quienes apostaron por un futuro sombrío, aunque la claridad del funcionario brille para asegurarnos que no, que estamos ante una crisis pasajera que resolveremos con la fortaleza que nos caracteríza?? y que ”aquellos que quieren ver derrotado a x, desconocen que la fuerza del estado está con los poderes legítimamente instaurados que ejercen obviamente los iluminados en turno”, “que el país está por sobre los intereses mezquinos y que el gobierno sólo trabaja por los más necesitados, llevándoles la certeza de que tendrán un futuro promisorio, que quedarán reivindicados, que la sociedad les pagará la deuda histórica que el país tiene con ellos; ¿qué más?, ¿qué más?. Ah sí, se me olvidaba, que no vayan a esperar que no suban los precios, que no haya carestía,…sobre eso sólo podemos apechugar.

Yo los invito a que tomen cualquier discurso de cualquier político y es lo mismo, es tan clara su obscuridad, tan obvio el lenguaje rebuscado, casi poético a veces, que se utiliza para enredar a quien escucha.

Vamos, a mi me gustaría que cuando se habla de aquellos que tal o cual, dijeran quienes son para cuidarnos por lo menos, o que hicieron o que sabe el político que nosotros no.

Bueno, sueño guajiro finalmente.

Un problema surge generalmente cuando no podemos alcanzar algún objetivo específico. Y sí, no cabe duda que tenemos ahí una situación problemática. Ahora bien, para plantearnos cuál es el problema concretamente, recurrimos a la identificación de obstáculos, esto es, al análisis de todos aquellos factores, hechos o eventos que impiden que lleguemos a nuestra meta.

Con base en ello elaboramos un planteamiento que suele enfocarse de una u otra manera a la eliminación o elusión de los obstáculos identificados.

Es por esta razón que resulta mucho más importante abrir nuestra percepción hacia las situaciones que obstaculizan alcanzar los objetivos que hacerlo hacia las personas que pensamos actúan como obstáculo.

Un planteamiento escrupulosamente elaborado, abriendo nuestra percepción sin prejuzgar hechos aparentes, permite solucionar mejor los problemas. Si fijamos la atención en personas y conductas como obstáculos, sólo obtendremos soluciones que traerán más problemas.

Por ello es que pido a los lectores que sin buscar descalificaciones estériles se cuiden de aquellos que utilizando los cargos que les fueron conferidos por la voluntad popular, lejos de corresponder con denodado entusiasmo entregándose en cuerpo, mente y alma a las labores indeclinables para salvaguardar los preclaros intereses de las fuerzas interactuantes de la dinámica nacional, buscando con toda objetividad servir a aquellos que sin poseer riquezas materiales inyectan con singular entusiasmo sus más anhelantes propósitos, generando las sinergias de desarrollo sustentable que se requieren y velando por las futuras generaciones que sin lugar a dudas heredaran el país que todos queremos…, se tomen algunos minutos más para reflexionar quienes son parte del problema y quienes de la solución.

viernes, 11 de abril de 2008

LA FRASE DE LA SEMANA

JAMÁS LLEGUES TARDE A LA HORA DE LA SALIDA…


Los horarios de trabajo en la burocracia suelen mostrar rigideces que en nada contribuyen a la productividad.


El reloj checador, cualesquiera que sea su tecnología, es una costumbre heredada de generaciones que no contaban con mayores herramientas de control que las que imponía el horario de trabajo, el capataz y el producto enajenante de las líneas de ensamble.


En la fábrica surgió y alcanzó tal popularidad que se extendió como tumor maligno en todas las organizaciones.


En las burocráticas se acogió como sello distintivo propio; el control de entradas y salidas del personal ofreció un enfoque equivocado, donde lejos de controlar los procesos se favorecía el tratar de controlar a las personas, estableciendo un conjunto de reglas que sustentaban mucho los castigos y poco los premios.


El burócrata agachó la cabeza, tanto como en su momento nuestros indios la agacharon con los encomenderos, guardando en su interior su identidad cultural.


Dentro de todo santo católico se escondía siempre alguna deidad prehispánica y la transculturación a sangre y fuego no pudo finalmente ni con las lenguas autóctonas ni con nuestra idiosincrasia.


Pero si nos hizo dependientes; aprendimos a burlar estos controles pero a base de sufrir los castigos sin fin, ofreciéndonos vías de escape “espiritual”, corporal e intelectual que potenciaron el control hacia nuestro ser interior, se perpetuó esa falta de autoestima tan peculiar en el personal en los distintos niveles de la organización.


Hoy el conflicto no es querer ser y no lograrlo, sino poder ser en un esquema que privilegie el equilibrio entre los premios por el logro de resultados definidos por “el deber ser” que fijan las normas de la organización y la satisfacción de querer ser y hacer lo que nos motiva en nuestra existencia.


La organización inteligente siempre negociará estos principios con su personal, que se constituye en capital humano y buscará la mutua satisfacción que trae consigo siempre el desarrollo y éxito de esa organización.


Creencias inculcadas desde nuestra infancia que después nos acompañan sin sentirlo por el resto de nuestra existencia pueden estar jugando un papel trascendental en nuestra percepción hacia el trabajo, hacia la familia, hacia las jerarquías de cualquier especie, hacia nuestra vida privada, hacia la importancia del concepto de éxito que las elites imponen.


El desequilibrio que sufren las personas asalariadas entre los diferentes intereses que deben sustentar su desarrollo como seres humanos es muy evidente.


Los jóvenes han confundido los conceptos de éxito personal por factores de “éxito social”, el ser por el tener, hacer lo que nos gusta por hacer “lo que deja dinero o poder, o ambos.


No nos sorprendemos de ver jóvenes que por alcanzar algo de poder hacen lo que sea, convirtiéndose en seres vacios, sin escrúpulos y hasta medio perversos en sus relaciones con el entorno donde se mueven; seres con una autoestima que lejos de serlo, solo aparece como soberbia, como actitud prepotente que con el tiempo se vuelve prepotencia real.


Crear nuevos paradigmas no es tarea fácil.


Los sistemas de explotación que buscan sustentarse en un capital humano deteriorado, empobrecido, han mostrado afortunadamente su fracaso y los sistemas más abiertos, más consecuentes con la naturaleza del ser humano, logran cada vez más, organizaciones exitosas incluso en ramas extremadamente complejas.


Véanse los esquemas organizacionales e incluso ambientales de las grandes empresas de tecnología: IBM, Microsoft, Google, Yahoo, HP, Apple, etc. contemplen sus políticas y el respeto que inculcan respecto a la naturaleza productiva del ser humano. No dudo que trabajar en esos sitios debe resultar increíble por la enorme facilidad y apoyo para “poder ser” y por ende poder hacer dentro de la organización.


Sin embargo, estas estructuras y modelos no han permeado hacia las estructuras gubernamentales más que en el discurso, porque quienes podrían cambiar las cosas utilizan sólo sus neuronas motoras y el agache servil hacia la jerarquía.


Suena bonito y pegador hablar de modernidad, aunque se mantengan políticas y normas retrógradas, propias de las sociedades cerradas con códigos de fidelidad francamente irracionales.


Así es posible que los ineptos, fieles por incompetentes, ocupen posiciones privilegiadas y se sirvan de ellas sin recato, tratando de acumular poder y vuelven a caer con la misma ignorancia en tratar de controlar a las personas y no a los procesos de los que son responsables.


El reloj checador, la lista de asistencia, los controles de acceso impuestos por seguridad, permiten saber de la presencia de los empleados, pero jamás de su trabajo.


Hace tiempo me daba mucha risa observar en las muy populares listas de asistencia, creadas para “taparle el ojo al macho” como dicen por ahí, la actitud de la persona que controlaba la lista (una secretaria por lo regular), que tenía la obligación de colocar una raya roja al final de la lista justo cuando terminaba el periodo de tolerancia (concepto absurdo por cierto), de tal forma que fuera notorio quienes llegaban tarde.


Mi primera sugerencia fue que su jefe le regalara un reloj nuevo a la secretaria, pues de manera extraña el suyo se adelantaba o atrasaba dependiendo básicamente de quienes faltaban por firmar y así la raya exhibía únicamente a las personas no afines a la secretaria en cuestión.


La mayoría de los controles burocráticos que descansan en un esquema de autorizaciones de lo que sea, son por naturaleza corruptibles, son como la raya roja de las listas de asistencia y se comportarán “a según de lo que se trate”.


Las horas nalga pueden en un momento dado fortalecer y hasta agrandar los glúteos, pero nada pueden hacer por nuestros cerebros, por nuestro conocimiento, si existen políticas restrictivas a la creatividad, normas que rechazan la generación de soluciones diferentes a las que dicta la jerarquía o la propia normatividad.


Castigamos la curiosidad e incluso el afán por aprender del personal, le restringimos incluso el acceso a internet porque alguien, por cierto con absoluta ignorancia, cree que el común de los empleados busca perder el tiempo utilizando esos recursos y no dudamos que alguno lo intente hacer así, pero la realidad es que la gente que pierde tiempo es porque no tiene trabajo, o bien porque el trabajo que hace ni siquiera le es reconocido y lo hace rápido y de mala calidad para dedicarse a cualquier otra cosa.


No necesita estar conectado a internet para perder el tiempo, sólo necesita un jefe burócrata, un trabajo desmotivante y actuar como si le importara lo que hace aunque de mil amores lo dejaría de hacer.


La política medieval de “impedir el contacto con el exterior” justo en el medio que permite hoy día la expansión del conocimiento, está creada por burócratas informáticos que siguen a ciegas y por moda las “novedades” que en materia de software les permite un aparente control en el “performance” de las redes, sin embargo no se paran a ver el daño que le provocan a la organización.


Me recuerda aquella política de un famoso chocolatero en el México de los años 50´s o 60´s, que le permitía a su personal tomar cuantos chocolates quisieran; a veces alguno abusaba pero en su propio pecado llevaba la penitencia, lo que le obligaba a auto controlarse en su consumo de chocolates. Incluso algunos dejaban de probarlos por completo. Esta chocolatera llegó a ser la más importante de Latinoamérica hasta que se burocratizó. Hoy ya no existe.


Siempre seré partidario de una sociedad abierta a la información y a las ideas y en la burocracia, desgraciadamente, se castigan las ideas y se condiciona la información, quizá por ello decidí autoproclamarme "burócrata renegado".


La frase que nos ocupa, aunque ustedes no lo crean no surge de los empleados que les urge marcharse; no, surge de la jerarquía que obliga al empleado a checar su salida a tiempo para no pagar tiempo extra.


En algunas oficinas se obliga al personal a ir a checar y regresar a trabajar sin derecho a remuneración extraordinaria; increíble ¿no? ¡Qué raro que algo así pase!


Ahora que si en la organización donde trabajas no existen tales políticas, cumple de todas formas con esta norma no escrita, sin regresar a trabajar por supuesto, cosa que tu familia te agradecerá, además de que te ayuda a equilibrar tus actividades para crecer como ser humano.


No te quedes haciendo horas nalga hasta que a tu jefe se le ocurra retirarse, nada más porque pudiera necesitar algo de ti; mejor déjale tu teléfono celular y en el remoto caso que se presentara una emergencia real si estate dispuesto a colaborar en lo necesario. Recuerda, jamás llegues tarde a la hora de la salida.


Divide tu tiempo en forma razonable entre trabajo, diversión, familia, descanso, actividades sociales, servicio a la comunidad y verás con el tiempo que te vuelves un ser humano trascendente, lleno de satisfacciones y altamente productivo en lo que decidas realizar…


Hasta la próxima...

viernes, 4 de abril de 2008

ENTRE TACOS, TORTAS Y TAMALES

Nada se da con mayor naturalidad en las burocracias que la organización de los convivios en la oficina.

A lo largo de tantos años he podido degustar cualquier cantidad de viandas, desde tacos de canasta hasta salmón ahumado, desde tamales de chipilín hasta tortas ahogadas.

En primerísimo lugar los tacos, bien de carnitas, de barbacoa, de canasta, de suadero, de guisados como mole verde, cochinita pibil, tinga poblana, bistec en salsa, picadillo, todo esto con arroz o sin ( con arroz se llaman acorazados) flautas de barbacoa, de pollo o de papa con chorizo, quesadillas de todo menos de queso que son muy simples, memelas, guaraches, gorditas , petroleras ( que son las gorditas de chicharrón prensado), los sopes, los panuchos, los tacos de relleno negro,las tortas de pavo, de pierna, cubanas, ahogadas, tamales costeños, oaxaqueños, “de chile, de dulce y de manteca”, rojos, verdes y de rajas, baguettes, hamburguesas, pizzas, con sus salsas o con chiles en vinagre y el refresco; en fin.

Uno comprende que al acompañar toda esta comida con refrescos, esa industria tenga tanta preponderancia en México.

Recibir por otra parte los obsequios gastronómicos, cariñosos, de las familias de las personas que laboraban conmigo. Chorizos hechos en casa, tamales regiomontanos, cabrito hecho en casa también, asados, pasteles, flanes, compota de zapote blanco, dulces regionales, como el queso de tuna, las glorias, jamoncillos de piñón, de nuez, de pepita, cocadas de guerrero o de colima, igual, flanes y pasteles casi por cualquier motivo ¡humm!

Uno podría mantenerse de los convivios de oficina sin ningún problema.

“Bienvenido licenciado, se dirigió a mí un grupo de empleados en la última oficina donde laboré, comisionados para informarme, antes que cualquier otra cosa, la existencia de un “derecho de piso” que cada nuevo empleado tenía la obligación de pagar al llegar a esas oficinas.

¿Como en los mercados y en la vía pública? Pregunté.

Bueno no tan así, usted invite lo que quiera, puede ser cualquier alimento al alcance de sus posibilidades, si no se trata de que pierda sino de convivir con todos.

Dicho esto, pagué mi derecho de piso invitándolos a una “botanera” que no es otra cosa que una cantina que te da la comida al comprar las bebidas. Otras personas que llegaron a esa oficina compraron tacos sudados, otros de canasta.

La madre de una de las nuevas empleadas nos hizo tacos dorados de papa con chorizo, con su salsita verde y los refrescos, claro. Otro más invito tamales, aunque no era 2 de febrero, en otra ocasión carnitas y chicharrón, acompañados de pápalo quelite, buenas salsas y mejores tortillas, todo esto en la oficina; otro compañero invitó en su casa toda una comilona, sacrificando a la esposa para quedar bien, y así…

Pese a todas las prohibiciones, la costumbre de almorzar algo en las oficinas burocráticas es inalterable.

Los principales convivios del año son desde luego la rosca de reyes, luego vienen los tamales del 2 de febrero, incluidos atoles y champurrado, la primavera en marzo, el día de la madre, el día de la secretaria, los cumpleaños de todos, bien sea que se haga un convivio al mes por todos los que cumplen años (muy socorrido en épocas de crisis) o bien como caiga cada cumpleaños o santo, o ambos si se puede, las fiestas patrias, el día de muertos, y al arribo de las fiestas navideñas, se inicia el famoso puente Guadalupe- Reyes, que va del 12 de diciembre al 6 de enero, donde prácticamente diario existe algún convivio, dentro y fuera de la oficina.

Cabe aclarar que este puente se ha venido ampliando con extensiones más o menos regulares, así que hoy se habla del puente Guadalupe - Candelaria. A la mejor queda instituido pronto…

Claro que a lo largo de la vida se te presentan un montón de circunstancias que asocias quieras o no a este tipo de convivios de oficina.

Hace ya algunos lustros, unos ocho quizá, y sirva como ejemplo, siendo yo muy joven tuve la oportunidad de adquirir un auto nuevo.

Como trabajaba en un banco del gobierno, tenía derecho a que me dieran un precio especial que se llamaba entonces “precio de gobierno”.

Para tramitarlo, se tenía que conseguir la autorización de una dependencia específica, a la que llegaban todas esas solicitudes.

Tratando de agilizar el trámite me fui a esa oficina, donde me topé con Lupita, secretaria del funcionario que firmaba esas cosas.

¡Uh! me dijo, fíjese que va a tardar el licenciado así que dudo mucho que salga su oficio. No le haga contesté, me urge tener ese oficio.

Pues que es para usted el auto. Si le dije, es el primer auto que compro y ya me dieron un crédito del banco a 5 años para pagarlo. El auto era un Volkswagen 1965 y tendría que pagar $242.00 quincenales por los cinco años.

No sé si se compadeció de mí, o francamente me estaba “soltando los perros”, pues me dijo “Y qué, ¿me va a invitar a dar la vuelta? Como estaba de muy buen ver la señora, aunque ya algo mayor para mi corta edad, le conteste (con algo de timidez, lo confieso) que por supuesto, que nada más que lo tuviera.

Me dijo entonces que si tenía tiempo esperara al licenciado, pues era día de firmas, así que cabía la posibilidad de que firmara mi oficio. No me aseguraba nada, pero decidí esperar.

Tenía yo un buen rato leyendo, cuando se acercó de nuevo y me dijo, “no quiere un taco. ¿Cómo? Le conteste. Si, es que hoy es cumpleaños de la secretaria del licenciado ¿¿??(No recuerdo el nombre) y trajeron barbacoa y carnitas.

Así que la seguí hasta lo que venía siendo el archivo general de esa oficina, pues era un espacio muy grande, eso sí, lleno de archiveros y papel.

Para mi sorpresa, tenían dos parrillas conectadas, una calentando un comal donde estaban haciendo las tortillas para los tacos y otra calentando el consomé de borrego. Sin medir el riesgo de tener esas parrillas con todo el papel que existía en ese archivo, me acerqué a donde estaban unos 20 empleados.

Las carnitas y la barbacoa estaban envueltas en papel de estraza y se veían y olían muy, pero muy bien. Con confianza licenciado, me dijo Lupita, se ve que trae hambre, además como que le hace falta alimentarse bien, esta usted muy flaco.

Me comí tres buenos tacos de carnitas y un refresco, con lo que quedé súper lleno. Todavía sacaron pastel, pero de ese si ya me excusé.

Al poco rato llegó el licenciado que firmaba esos oficios y Lupita se dio una “manita de gato”, entró con un pedazo de pastel y café; enseguida salió y tomo un “bonche” de oficios para firma, señalándome que ahí iba el mío.

Pasaron otros cuarenta o cuarenta y cinco minutos, cuando salió de nuevo con los oficios firmados y los que no alcanzó a firmar pues tenía una agenda apretada.

Todavía me hizo sufrir algunos minutos más hasta que me dio mi oficio no sin antes hacerme la broma de que el mío no estaba firmado.

Como se le olvidó lo de la paseada y me dio el oficio así nada más, di media vuelta y salí muy contento con él. Que buen servicio y que bien dieron de comer, pensé para mí, además de todo ya me ahorre la comida, caray.

Bueno, regresando al tema, me gustaría dar un repaso por los menús más socorridos.

Hubo un tiempo en que nos aficionamos al ajedrez, al grado que no salíamos a comer; pedíamos tortas y refrescos y jugábamos en la sala de juntas. Las tortas cumplían bien su cometido, sobre todo unas “cubanas”, que preparaban con todo lo que se puedan imaginar: jamón, queso, salchicha, pierna de puerco, huevo, pastel de pollo y a veces incluso “queso de puerco”; todo en una telera muy grande (especial) con aguacate, jitomate, crema, cebolla y chile.

Aparte de engordar llegamos a tal nivel de competencia que lejos de relajarnos para seguir trabajando, nos estresábamos bastante, lo que me llevo a suspender tales prácticas y formar varios equipos de boliche para tratar de mantenernos en forma.

En esas épocas, administrar un centro de cómputo generaba ya de por sí muchísimo estrés; tanto que te aficionas de más al café. Yo llegué a tomar unas 30 tazas por día en épocas de cierres mensuales y cuando existían conflictos “cibernéticos”.

Hubo también una época en que se estilaba festejar con pizza en lugar de pastel pero afortunadamente duró poco y regresamos a lo tradicional.

Hoy en día prácticamente está prohibido en todas las oficinas comer, pero es de esas cosas que no se pueden que sí se pueden, pues en general el personal se las ingenia o bien para ir relajando esa disciplina, o bien para introducir con efugios piezas comestibles para entretener el hambre.

Poner un puesto de tacos o de tortas cerca de una oficina de gobierno es éxito seguro, no hay pierde, y al restringirse los convivios de oficina, la gente ahora sale más a almorzar o incluso a desayunar una vez cumplido el clásico requisito de checar tarjeta y antes de que los jefes se dignen a ir apareciendo, por lo que suele tenerse tiempo más que suficiente.

Tuve un jefe aficionado al sushi, comida que ponía en la mesa cuando había reuniones prolongadas, que era muy seguido por cierto. Después de la salmonelosis que tuvo, dejamos esa práctica afortunadamente.

Créanme que llega uno a odiar ciertos alimentos que se consumen tan frecuentemente y en circunstancias obvias de estrés. Tuve otro Jefe que era fanático del pollo “Don Fer” y no desaprovechaba oportunidad de hacer juntas a la hora de la comida, consumiendo pollo y arroz.

Quieras o no el colesterol te persigue, los riesgos se incrementan y muchos, muchos talentos terminan lisiados o en la morgue, pues cometieron el error, el craso error, de juntar un placer tan esencial con una obligación tan odiosa como lo es trabajar para burócratas que mudan su casa a la oficina y que piensan que trabajar medio día significa que es de 9 a 9 y jornada completa que desayunas, comes, cenas y duermes ahí mismo.

Las comidas de negocios, al hablar en ellas de trabajo, se vuelven fuente de gastritis crónica, independientemente del engordamiento al que conduce y si se bebe licor, a la hinchazón notoria de cara y párpados.

Si no, observen a los nuevos altos funcionarios, llegan delgados, sonrientes y a los pocos meses se les observa bien hinchados, no sólo por la bebida y la comida, sino porque ahora seguramente visten trajes a la medida… de las circunstancias.

Ojalá y pudiéramos tener un mejor equilibrio en el trabajo, ojalá y se prestara atención al ejercicio físico en intervalos adecuados, ojalá se permitiera el almuerzo de forma racional y ojalá aprendamos algún día donde termina el trabajo y comienza nuestra vida privada, porqué es que debemos respetar por sobre todas las cosas a nuestra familia dándole una importancia mucho mayor que al trabajo.

Esto, las más de las veces, lo aprende uno demasiado tarde…

Hasta la siguiente…

sábado, 29 de marzo de 2008

EL LENGUAJE FLORIDO DE LA BUROCRACIA.

Lo primero que aprende un burócrata es a no usar un lenguaje directo.

En un símil con la geometría, en términos de lenguaje, la línea recta no es la menor distancia entre dos puntos. Un mensaje directo puede ofender, puede herir susceptibilidades, así que se substituye por formas protocolarias de lenguaje burocrático comúnmente aceptadas, que finalmente dan resultados lentos y tortuosos.

Así, en lugar de escribir a un funcionario simplemente “Le solicito tal o cual cosa…Atentamente…”, o si estamos en un “chat” algo así como “X mdio d ste qro q …”, se utilizan formas como la siguiente:

“Por medio del presente oficio, me permito distraer su fina atención a efecto de solicitarle de la manera más atenta y si para ello no existe inconveniente, gire usted sus apreciables instrucciones a quien o quienes corresponda o considere convenientes, a efecto de…

Sin otro particular reitero a usted las seguridades de mi más alta y distinguida consideración…

Atentamente…”

Las respuestas no son menos complicadas:

“Me refiero a su oficio número sss-xxxxx-1000/2008 del xx de febrero, recibido en esta el xx de marzo del presente año, donde amablemente nos solicita que… (Aquí se inserta todo el oficio recibido, salvo la despedida y el “Atentamente” claro).

Sobre el particular, me permito informarle que he girado las instrucciones pertinentes al departamento XXXX (o al C. Fulanito de tal, Director xxx de yyy, etc, etc.) a efecto de que atienda su petición a la mayor brevedad. No olvido manifestarle el interés de esta oficina de mi cargo para coadyuvar eficientemente en el logro de los objetivos de la ciudadanía, bla, bla, bla, bla…

Sin otro particular, le retiro la seguridad de mi más alta y distinguida consideración… Atentamente…”

Un queridísimo amigo decía hace muchos años que el que escribe es el que toma las decisiones, refiriéndose a quien prepara la información que finalmente es utilizada por las jerarquías en sus comunicaciones y discursos y, desde luego, para tomar sus decisiones.

Hoy día esto es un poco más complicado. Importa más el “spot” publicitario, la foto, la crónica pagada, que la comunicación honesta que nos mereceríamos todos los ciudadanos. Y quienes hacen los discursos para decir los rollos del momento a través de algún alto funcionario, cada vez están peor preparados.

Véase si no estas frases de un discurso reciente del Director General de Pemex, con motivo de la celebración del 70 aniversario de la expropiación petrolera:

“En paralelo, PEMEX fue y sigue siendo sujeto a más y más regulaciones, propias de las entidades públicas en México pero inadecuadas para una empresa petrolera nacional en el mundo contemporáneo”. (¿Y cuándo las va a cambiar o por qué no se han cambiado?)

“El modelo de regulación y gestión resultante es totalmente obsoleto”. (IDEM)

“Por eso, Petróleos Mexicanos vive una situación por demás difícil, que le plantea una encrucijada; seguir sujeto a ese cúmulo de reglas, controles burocráticos y limitaciones a su operación, que lo condenaría a un deterioro operativo y financiero ininterrumpido; o luchar para que se elimine esa camisa de fuerza que inhibe su crecimiento, a fin de que el país deje de seguir perdiendo valiosas oportunidades en materia de hidrocarburos”. (Esto medio sonó a Hamlet: “ser o no ser, he ahí el dilema, que es más importante para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna o, volviéndose contra un piélago de calamidades, acabar con ellas. Morir, dormir. ¿No más?…”)

“Por eso, quienes realmente deseamos un PEMEX, fuerte para beneficio de México, debemos promover una revisión de su situación, sin ambages e impulsar cambios que le permitan modernizarse”. (Estimado director general ¿qué no tiene autoridad para hacerlos, con quien los quiere promover? Y la neta, si realmente desea un Pemex fuerte, ¿porqué buscamos dejarlo a merced de las grandes transnacionales, más de lo que ya está por no haber desarrollado tecnología propia?)

“Sólo así la empresa podrá resolver con éxito los nuevos retos que le plantean el México de hoy, el entorno actual de los mercados petroleros internacionales y el futuro de ambos”. (¿Sólo Así?, ¿pues desde cuando estamos preparando capital humano a la altura de esas circunstancias, o es que vienen de afuera, “nos ayudan” y se van?)

“Durante 70 años, Petróleos Mexicanos ha sido la empresa pública emblemática de México, la más grande, la que más aporta al erario público; pilar de la balanza de pagos del país y motor para la planta productiva nacional”.(¿con todo y lo malo?, entonces no esta tan fregada pues, ¿quien le entiende?)

“De ahí que la mayoría de los mexicanos reconozcan la necesidad y la urgencia de realizar diversos cambios para fortalecer a PEMEX, su empresa petrolera nacional. (¿De verdad?, ¿como a cuantos les interesará Pemex o “los cambios en Pemex”?, ¿serán más que los que, de diferente forma, recuerdan a Pemex por los desvíos multimillonarios y los negocios de las élites políticas y empresariales?)

“Por lo anterior, hoy conmemoramos esta fecha con orgullo (o sea que está de la fregada aunque…) y a la vez con preocupación, pero también con esperanza; orgullo por lo que se ha avanzado, preocupación por los rezagos acumulados y por los retos en lo que falta por andar, y esperanza por el respaldo de los mexicanos para renovar y fortalecer a PEMEX bajo el liderazgo del Presidente Felipe Calderón.” (Así, evocando a Lope de Vega diría el poeta:

"En fin, señora, me veo
sin mí, sin vos y sin dios:
Sin dios, por lo que os deseo;
sin mí, porque estoy sin vos;
sin vos, porque no os poseo”…)

Si tomáramos el programa de lenguaje ciudadano del Gobierno, deberíamos comenzar con los discursos, ¿no creen?, claro que sin caer hasta al fondo. El otro día escuché a dos jóvenes que trataban de comentar este rollo del petróleo y más o menos dijeron:

“No manches wey, ya viste que tenemos un buen de gas en el océano y que pa´ sacarlo tienen que vender a Pemex. Te sacas tú wey, me cae que no entendiste nada, güey, no, mira wey, para que el güey güey saque al buey de la barranca, necesitan un chingo de billete y, ps´ solo los gringos, o no wey, parece que estas juey caray.

Y los brasileños que,wey,…le contestó.

Y la selección del resto del mundo, sácate que…, concluyó la plática.

Por cierto, comentando sobre este programa de lenguaje ciudadano, encontré en su página este "buen ejemplo" de claridad, sintaxis puntuación y construcción gramatical:
El nombre de las cosas - 2007/05/23 03:49 Hay palabras que se usan de modo inapropiado de manera contumaz hasta que se arraigan. Contrariamente a lo que se cree a veces, este uso particular no mejora la comunicación: si un lector no entiende un vocablo, lo lógico es que consulte el diccionario, y no resolverá su duda si allí no encuentra un significado concordante con el sentido de lo que leyó. (¡EXACTO!)

El pensamiento circular y el uso indiscriminado de pleonasmos están siempre presentes en los escritos y discursos burocráticos. Es fácil caer en perogrulladas y bueno, hasta en la presentación del manual de lenguaje ciudadano, siguiendo aquello de “En casa del jabonero el que no cae resbala”…

Se lee: “Todos los ciudadanos tenemos derecho a recibir del gobierno información clara y objetiva, a fin de hacer efectivos nuestros derechos y cumplir con nuestras obligaciones de mejor manera”.

“Como servidores públicos tenemos el mismo reto que refería el gran poeta y escritor Pablo Neruda, cuando decía “que mientras más escribía, más difícil le era expresar su sentir”; luego entonces una escritura clara y eficaz representa un reto mayor en nuestra labor diaria como servidores de la sociedad”. (Caray, para expresar el sentir burocrático se requeriría permitir el uso de palabrotas y mentadas de madre. Ya me imagino un oficio que dijera, “no, ni madres, no está autorizado, váyase al carajo”…)

Termina la presentación de este manual diciendo: “Deseo que esta aportación sirva a todos para avanzar en ese gran sueño llamado México”.

Yo preferiría avanzar en la realidad de México y no con discursos sino con hechos, por ahí esa Secretaría tiene muchos entuertos y muy seguido se suman nuevos.

Y sí, hablando de lenguaje claro, no vale hacerse güeyes con las violaciones a las leyes. Lo que se entiende de su actuación es algo así como decir “si violó la ley, pero fue legal”

Total, así se habla en la burocracia, porque en el gobierno hay cosas normales que se pueden hacer, cosas normales que no se pueden hacer que si se pueden hacer y cosas extraordinarias que no se pueden, que no se pueden, y estas de la corrupción tolerada y encubierta son de las últimas. ¿No creen?

A la mejor en nuestras escuelas comenzará a enseñarse el gallego, uno nunca sabe que tan fortalecidas quedan las personas con la impunidad, así que empiezo a practicar usando la vieja gramática que me heredó mi madre, ella si, gallega decente.

O parvo de Xan, ninguén medra as os cretos embazar. Ainda podes te arrepentir.

Hasta la siguiente…

sábado, 22 de marzo de 2008

SI QUIERES QUE ALGO NO FUNCIONE, CREA UN COMITÉ.

Este principio no es privativo de las burocracias, también lo es de la vida política, del gobierno y de cualquier organización.

Generalmente, la participación de los ejecutivos en comités adolece de muchos vicios y en realidad las más de las veces sus miembros, burocráticamente, se presentan a discutir los temas de la agenda sin preparación previa y sin siquiera haber leído los documentos a discutir y deciden sobre asuntos de los que no tienen la menor idea.

Adicionalmente, las reuniones de comité distraen a los ejecutivos de sus funciones normales y suelen generar cargas adicionales de trabajo, por falta de atención oportuna.

Los comités suelen crearse cuando el ejecutivo que tiene a su cargo las atribuciones para resolver decide buscar la asesoría de un grupo de “expertos” que le apoyen para fundamentar sus decisiones.

En otras ocasiones, las propias leyes, reglamentos y normas formales depositan en comités las facultades ejecutivas o decisorias.

Dentro de las burocracias, obviamente, se abusa de los comités y de las “comisiones”, que suelen crear más embrollos en función de que tienen un mayor número de miembros.

Los comités toman siempre cierto tiempo para deliberar y decidir aunque de hecho, si se consulta a un número adecuado de expertos siempre se consigue la decisión que uno quiere.

Buscando consultar leyes y reglas sobre comités encontré interminables referencias en Internet, lo que me hizo recordar las épocas de Echeverría en las que ante cualquier problema, en el discurso, proponía la formación de algún comité o comisión para atender el problema y vaya que nos llenamos de comités inútiles.

Ya en la época actual seguimos teniendo tantos comités y tantas comisiones que es fácil imaginar porqué no logramos calidad, eficiencia y eficacia en la administración pública.

Hoy se intenta incorporar un modelo de empresa privada, se habla de la administración por resultados, pero se crean verdaderos frankestein al confundir la naturaleza de las cosas, el origen y la razón de ser de los organismos públicos.

La administración por resultados depende de la posibilidad real de fijar metas basadas en expectativas sustentadas y filtradas además por los factores de riesgo presentes en los procesos.

Para plantear las metas estratégicas y operativas de las entidades públicas, estas debieran tener una autonomía de gestión lógica con respecto al área en la que actúan, lo cual no existe.

Vamos, para jugar beisbol no me visto de futbolista y cargo un balón de básquet ball.

Créanme que es desesperante asistir a las reuniones de los comités directivos, juntas de gobierno, consejos de administración, etc. donde la crema y nata, a veces con leche, de los gurús en la materia del organismo, se reúnen para aprobar que la administración del mismo, realice las gestiones “pertinentes“ ante alguna de las dependencias llamadas globalizadoras para autorizar los asuntos presentados al máximo órgano de gobierno, que de máximo tiene auténticamente lo mínimo…

Esto quiere decir que, aunque los expertos hayan llegado a alguna conclusión, corresponderá a algún burócrata de menor nivel, decidir realmente qué si procede y qué no, girar la autorización, o poner los requisitos burocráticos necesarios para autorizar o aprobar el asunto.

Llevar una agenda para discusión de un comité, por otra parte, debe tomar en cuenta la Ley de Parkinson sobre los comités, que señala que el tiempo que un comité dedica a resolver cada asunto de la agenda es inversamente proporcional a su importancia; así los asuntos muy relevantes tomarán pocos minutos de atención, máxime si consideramos que los miembros del comité deberán confiar en las opiniones técnicas, pues ese tipo de asuntos son de los que no tienen ni idea.

Así conforme se tratan asuntos menos relevantes, la discusión se anima, si incluimos algún tema sobre etiqueta en la oficina, uniformes para los empleados, servicios de cafetería o compra de lápices, seguramente la discusión durará horas.

Razones, sólo una, de las cosas que conocemos si solemos discutir, de las que no, preferimos ser cautos, por lo menos y aún tomando en cuenta que podríamos aprender algo nuevo, preferimos simplemente darle trámite lo antes posible, aunque existan riesgos y puedan presentarse pérdidas.

Finalmente los recursos que están en juego en las burocracias, no son los propios de alguno o algunos de los miembros de esos comités, por ello no es un factor que importe demasiado.

Para poder hacer que un comité funcione y aporte a la organización algún valor agregado, sería necesario mantener un esquema de recompensas adecuado a los fines de esos grupos, de tal forma que el esfuerzo, la dedicación, el cuidado de los asuntos que ahí se traten, se vuelva consistente con los resultados esperados.

Desde luego que existen comités excepcionales que pueden mostrar excelentes resultados, pero la mayoría no lo son. Sin querer influenciar a nadie, lanzo el reto de que examinen los comités, comisiones o juntas directivas en las que participan y decidan por ustedes mismos si tal grupo debiera o no de existir, que valor agregado aporta, que efectividad muestra.

Si es de los excepcionales, enhorabuena, pero si no, por favor, quítenlo de en medio y ahorren tiempo, dinero y esfuerzos.

Fíjense que buscando mejorar este modesto blog, se me había ocurrido formar un comité editorial, para seleccionar qué sí publicar, corregir estilo y demás, pero como no se han puesto de acuerdo y ya llevo un retraso de una semana, he decidido disolverlo y en su honor publicar estas notas…

Hasta la próxima, ya sin comités.

jueves, 6 de marzo de 2008

HAY DE COLAS A COLAS

No sé si por haber perdido en nuestra evolución esa parte que ostentan todavía los mamíferos y que se le denomina rabo o cola, estemos condenados a tal fijación nosotros, los seres humanos. Me refiero a la falta de cola y digo que es fijación porque la asociamos a muchísimas cosas de la vida cotidiana.

Pero claro, hay de colas a colas.

De muchos funcionarios y burócratas hemos oído que “tienen cola que les pisen”, lo que quiere decir que en su momento siguieron el axioma político que asevera que el “que no transa, no avanza” o vivieron plenamente un año de Hidalgo de esos de fin de sexenio.

Ahora bien, en nuestro país no basta que se compruebe que la susodicha persona tiene cola que le pisen para que tenga alguna repercusión por sus actos, no, para nada, aquí se necesita que el acusado no tenga “palancas” o dicho de otra manera, que no goce de los privilegios de impunidad que suele dar el poder político.

Cuando entras a algún sitio y no cierras la puerta detrás de ti, te suelen increpar que “tienes la cola muy larga”, suponiendo que por esa razón no cierras la puerta tras de ti.

Pero de colas a colas, hoy es más famosa la guerra de las colas, que no se bien si se refiere a un pleito de refresqueras o a un concurso entre vedettes para ver quien tiene mejor… cirujano plástico.

No cabe duda, sin embargo, que la madre de todas las colas es precisamente la cola que no la tiene, donde a fuerzas o dicho en latín “ad- ovum”, tienes que chutarte horas de tu vida por ineficiencia, burocracia o por la estupidez organizativa o administrativa que impera en todos los ámbitos.

Claro que podemos considerar esos tiempos muertos como ofrendas (en señal de sacrificio) ante los dioses de la corrupción, de la improvisación y de la falta de criterio para resolver las cosas con eficacia.

Por otra parte, medirse por la cola es hacerlo al revés, utilizar cola para pegar ya es anacrónico y pegarle la cola al burro ya no interesa ni a los infantes retrasados.

Llegar con la cola entre las patas considera que estás al menos apenado o avergonzado por alguna causa.

Las mamás les hacen colitas en el cabello a las niñas y también les limpian la cola, no sé si cuando hacen “pis” o “pos”.

Cuando bailas mueves la colita (A ver, a ver, a mover la colita,…)

En matemáticas, las colas son un conjunto ordenado de datos o una estructura de datos con una secuencia de elementos (generalmente lineal) y la teoría de colas explica el comportamiento de las líneas de espera, (bueno, más o menos).

En algunas partes de Sudamérica existen concursos de colas, pero sólo ves puros traseros.

En los alcoholes destilados se desechan las colas y las puntas, que son alcoholes dañinos que se crean por efecto de la destilación.

Ir hasta atrás en la cola podría incluso ser un pleonasmo.

Bueno, a veces hacemos cola hasta para saludar a algún político o personaje renombrado o re-mentado como diría mi abuela.

Y también te tienes que formar para que te den la ostia.

Colarse en alguna parte es entrar sin hacer cola o sin tener boleto. Ser un colado es estar sin ser invitado.

Pero hacer 5 horas de Cuernavaca a México, sólo porque le urge a un burócrata mayor terminar su monstruo de solución al transporte en Insurgentes Sur, rompiéndole a colonias enteras la poca vialidad que tenían y terminando las cosas al ahí se va, sólo puede tomarse con resignación si no queremos terminar en el hospital con el hígado hecho trizas, con la úlcera perforada o con un episodio cardiaco peligroso.
Si el soporte de un paso de peatones quedó en el arroyo vehicular de x calle, pues cierra la calle, ¿no?, a quién demonios le interesa quienes pasan por ahí, que hagan cola en otro lado.

Y hay quien te dice: pero espera a que esté terminado, va a ahorrar mucho tiempo y eso, es una mentira del tamaño del planeta.

Sería verdad si los trazos de la Avenida Insurgentes hubieran sido planeados antaño o fueran regulares (Un amigo decía que no era la Avenida de los Insurgentes, sino la Insumida de los Avergentes), o si no existieran en Tlalpan la serie de callejones que atoran a cualquier vehículo mayor a un mini auto, o si se planearan los retornos conforme a los requerimientos de la población y no a los de algún influyente que de alguna manera pagó para tener su salida a modo.

Pero no, esta obra en algunas estaciones incluso es apoteóticamente estúpida, con pasos peatonales absurdos por su tamaño y longitud, para acceder a la estación del metrobus, que se supone es un transporte que apoya también a los incapacitados, que no se por donde subirán y bajarán con facilidad. Ya se que pondrán unos elevadores como de 1m2, pero alguien en silla de ruedas necesitará ser atleta para subir y bajar las rampas.

Para acceder a esas estaciones tienes que subir el equivalente a casi tres pisos y recorrer unas rampas de unos 150 0 200 metros. A la mejor es para el entrenamiento de nuestros atletas paralímpicos.

Para poner una de esas estaciones tuvieron que cambiar el sentido de una calle, habilitar una especie de tobogán en Insurgentes por los desniveles existentes y readaptar una estación para que se pudiera dar salida a todos los que bajaban antes por la calle que cambiaron de sentido.

Obvio, ya no les dio el ancho de calle requerido para no entorpecer el flujo vehicular y entonces ahí hoy día se hacen colas interminables. Otro tipo de colas ¿no?

Un pequeño callejón que la gente utiliza como retorno se ve obstruido por un mercado sobre ruedas todos los jueves, así que los que quieren retornar por Insurgentes usando ese callejón tardan unos 20 o 25 minutos en pasar en días normales y los jueves unos 30 o 35.

Si te metes por algún otro callejón para salir un poco más arriba y regresar, está peor pues son de doble sentido o no se respeta el sentido que marcan los señalamientos cuando los hay, claro. Se estacionan camiones, se estrechan las calles hasta quedar de un solo carril y si te toca alguien en contrario pues ya te fregaste.

Cuando llegas a la calle donde puedes atravesar haces otros 10 minutos para pasar porque se congestiona la avenida gracias a que donde pusieron su mamotreto de puente peatonal y acceso a la estación, la gente se cruza como puede por debajo, a riesgo de tener un accidente.

No es ingeniería, es sentido común. Pero aquí si es cierto que es el menos común de los sentidos. En muchos tramos de la vía principal tendrán que subsistir los autobuses o microbuses comunes y corrientes, por los trazos irregulares de calles y colonias en el área, con lo que se afectara la circulación.

Bueno, con decirles que el trazo del carril confinado es tan malo que de repente te topas con él porque pasa a ocupar el centro de la avenida, para dejar una vuelta a la izquierda dos cuadras adelante.

Si vieran que relajos se arman entre microbuses y autos para acomodarse a tal entuerto y eso que todavía no arrancan los metrobuses. Pero en fin, ya nos acostumbraremos y haremos la cola respectiva para tomar el carril adecuado.

Brillante la improvisación.

Yo no sé si el que hace esos puentes y pasos a desnivel con todo y rampas para peatones tiene cuates en el Gobierno, pero sí que le compraron metros y metros injustificables.

Lo peor es que esto pasa en la ciudad de México, donde como ustedes saben, todo, absolutamente todo, se hace bajo una acuciosa planeación, (¿o no le creen a nuestras autoridades?).

El otro día me decían que como era posible que los semáforos no estuvieran sincronizados y claro que lo están; se equivocan quienes creen que algo así se le pasara a las autoridades de tránsito, burocracia excelsa por sus procedimientos.
Fácilmente puede verse que el 80 o 90 % de los semáforos están sincronizados, si no ¿cómo le hacen para que te toque alto en cada uno de ellos?

Pues claro que están sincronizados en rojo, pero lo están ¿no?.

O que me dicen de la “atinada” asignación de policías para agilizar los cruceros. Creo que en cuanto tránsito detecta que un crucero es funcional, que permite un flujo adecuado de vehículos y peatones, inmediatamente le asigna uno, dos o hasta más policías que luego luego se ponen a jugar “nintendo” con los semáforos.

Así le dan 4 o 5 minutos a una de las calles contra unos 30 segundos a la otra; se esperan a que exista un buen número de peatones hechos bola en la esquina para darles paso.

Luego luego se ve la habilidad de los peatones experimentados que torean autos y camiones con destreza y llegan sanos y salvos al otro lado, pues es común que a medio camino se cambie la luz del semáforo de improviso, pescando a los inexpertos en el apuro de cruzar la calle.

Entonces ¿qué sería de nuestras vidas sin las colas? Te levantas y haces cola para el baño, a menos que tengas más de uno, en cuyo caso vivirás la experiencia hasta que salgas de casa.

En auto, cola para incorporarte a las avenidas principales, cola para dar vuelta. Cola en el estacionamiento, en el banco, en los restaurantes, en las oficinas, en todas partes, para pagar en el súper, para entrar al cine, para subirte a los juegos de Chapultepec o de Disneylandia o de cualquier parque de diversiones, es igual...Cola para comprarte un café de esos de moda.

Las colas son sinónimo de orden, de cierto orden, nada más, pero la verdad es que no debieran de existir salvo que fueran estrictamente necesarias.

Ir a la cola de una cola es todavía peor sobre todo en las “coleadas” (Juego infantil que consiste en una fila de niños tomados de la mano que corren jalándose unos a otros y dando de repente una o varias vueltas cerradas para que se haga un efecto de aceleración a lo largo de la cola).

Si vas hasta atrás, por el incremento de velocidad inercial que se va dando, puedes salir disparado a estrellarte contra lo primero que encuentres.
En fin, descargas de adrenalina.

Espero que no tengan que hacer cola hoy, pero si les toca piensen con indulgencia, tengan buen humor, ríanse de la situación, saluden a los policías de mi parte y denles recuerdos a la familia.

Una sonrisa a veces no basta, que sean dos, o generen una cola de sonrisas y despáchenlas una por una, para que duren todo el día.

Hasta la próxima